lunes, 13 de octubre de 2008

Atrapados en el tiempo

“Atrapados en el tiempo” o “El día de la marmota” (en ingles “Groundhog Day”), cuenta la historia de un poblado norteamericano, donde cada 2 de febrero, la aparición y comportamiento de una marmota es usada para predecir el final de la estación fría (léase el final de la etapa dura del pueblo).
Una cadena de televisión decide mandar a un experimentado periodista y su equipo, para cubrir dicho suceso. El plan original implicaba que el periodista llegara, hiciera la cobertura y retornara a su ciudad en el mismo día.
La trama comienza a desentrañarse con la no aparición del animal en el día indicado. Frente a este hecho, el protagonista intenta regresar a la ciudad para volver al otro día. Su plan se ve frustrado por una tormenta de nieve y obliga al profesional a quedarse al menos un día mas en el pueblo.
A la mañana siguiente, se levanta temprano con la intención de retomar su trabajo. Durante el transcurso de su jornada, se da cuenta que comienza a vivir exactamente lo mismo que vivió el día anterior. Lo más curioso es que solo él nota esa particularidad. Todo el entorno vive ese día como si fuera todo por primera vez.
Tras repetir esta vivencia un día tras otro, el periodista decide tomar una medida drástica que ponga fin a la incomoda situación de vivir cada día, el día anterior.
Obviamente no voy a contar toda la película, simplemente usarla como ejemplo para el siguiente exposición.

Por lo menos para mi, y me gustaría contar con el aporte de los lectores; vivir en Uruguay da toda la sensación de estar “atrapados en el tiempo”. Me levanto cada mañana de mi vida y a grandes trazos vivo exactamente lo mismo que el día anterior.

En los últimos 25 años, he soportado múltiples campañas políticas, diferentes líneas de pensamiento ejerciendo el poder, iniciativas, proyectos, regulaciones, desregulaciones, blah, blah, blah …¡¡¡pero me levanto cada mañana y veo que vivo en el mismo Uruguay de hace 25 años!!!

La educación, el sistema de salud y la seguridad pública, entre otros, han sido un punto de agenda obligado, de todo quien tuvo pretensiones electorales y ostentó el poder. Es casi increíble pues, que ya bien entrado el Siglo XXI, sigamos persiguiendo soluciones a los mismos problemas coyunturales que teníamos en la época que yo era adolescente.

¡Y de nuestra clase política que decir!
Frente a la menor oportunidad de hacer “opiniología” (sin importar el tema), hace más de 20 años que veo las mismas caras, repitiendo el discurso del caso, ya sea si el “opinólogo” ocupa el lugar de gobierno u oposición. Sinceramente si sumamos las horas de televisión y radio semanales que ocupan respondiendo a opiniones de sus rivales mas las horas que dedican a escuchar a sus rivales y preparar sus respuestas, me pregunto …
¿Cuántas horas semanales dedican a hacer el trabajo?

Analicemos algunos otros temas más triviales.

Una de las principales causas de muerte de nuestro país, son los accidentes de tránsito. Este flagelo, tiene casi la misma antigüedad de los problemas mencionados anteriormente. Y como con el resto de los casos, cuando pongo el informativo de las 20:00 y vuelvo a vivir “el día de la marmota” de ese este tema.
Se ha intentado bajar los límites de velocidad, aumentar controles, circulación con elementos obligatorios de seguridad (cinturón de seguridad, luces encendidas, etc), y demás medidas paliatorias. Y me pregunto… ¿Cuál ha sido el resultado obtenido? ¿No será hora de hacer algo en serio?
Hagamos la siguiente reflexión.
En nuestro país existen en las manos de los uruguayos, casi la misma cantidad de armas de fuego (registradas y no registradas) que de automóviles. Sin embargo, los segundos matan mas personas que las primeras.
¿No será momento que obtener una libreta de conducir sea tan o mas estricto que el porte de un arma?

Siendo más triviales aun, analicemos una necesidad básica de todo ciudadano, como lo es trasportarse de un lugar a otro. Salvo tener ómnibus mas nuevos, ¿en que se hemos mejorado?
Me subo a un medio de transporte de pasajeros (urbano o interurbano) y vuelvo vivir “el día de la marmota”. Este servicio sigue padeciendo de las mismas limitaciones que hace 25 años atrás. Ir de mi casa al trabajo, me sigue tomando el mismo tiempo (o mas) que antes y las opciones para hacerlo son casi las mismas.
El mundo evolucionó y complemento su servicio urbano de ómnibus con trenes rápidos, subterráneos, minibuses (o taxies compartidos) e inclusos transportes fluviales cuando lo haya ameritado. ¿Y en Uruguay? No acá seguimos viviendo igual que ayer y antes de ayer. La generación adolescente de mis hijos cuenta con los mismos medios, con los que yo contaba cuando tenía que ir a estudiar.

Y si generalizamos, la generación adolescente de mis hijos tiene exactamente el mismo país que yo tuve a su edad. Van a padecer la misma dificultad de poder completar una educación de calidad. Van a enfrentar los mismos problemas a la hora de obtener un empleo digno. En innumerables casos, van a seguir necesitando ser acogidos por sus padres a la hora de intentar formar una familia. Van a tener la misma encrucijada a la hora de decidir si se quedan en este país o emigran en busca de un futuro digno. Van y van y van … a vivir en “el día de la marmota”, casi exactamente el mismo que sus padres.

Uruguay, casi como aquel poblado de la película, espera cada 5 años que alguien le traiga soluciones y buenas nuevas. Y casi como aquel pueblo, lo que termina haciendo es continuar “atrapado en el tiempo”.

Somos un país casi sin esperanzas, basta ver el semblante del uruguayo medio … tomemos conciencia todos, impulsemos cambios, rompamos con el ciclo interminable de lo que yo llamo “vivir el día de la marmota”.

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